LA VIDA ESPIRITUAL Y EL MATRIMONIO

SESION 3
LA VIDA ESPIRITUAL Y EL MATRIMONIO

“No hay “problemas matrimoniales”, solo hay los espirituales, emocionales y personales, los cuales llevamos a nuestro matrimonio y los llamamos problemas matrimoniales.”

En esta sesión deseamos hacerles ver a los novios que la calidad de vida espiritual de ellos será la calidad de su matrimonio y hogar. El hogar es el terreno de prueba para la autenticidad de nuestro testimonio cristiano. Si no logramos vivir la vida cristiana dentro del hogar, ¿Cómo la viviremos fuera de él, donde los vientos fríos de la tentación, oposición de un mundo secular, fatiga del trabajo y desaliento crean un ambiente que requiere una fortaleza extraordinaria por parte del creyente?
Para los no-cristianos, en muchos casos el hogar es el campo de batalla y el mundo afuera del hogar es el refugio donde recurren para tener paz. En cambio, para el cristiano el hogar debe ser el amparo que le provea el descanso y tranquilidad que necesita. Una vida espiritual fuerte y saludable contribuye a la calidad y condición del hogar, mientras una vida cristiana deficiente y débil lo dañará. Fortalecer la vida espiritual es fortalecer el matrimonio.

I. EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL

Los novios están, como todos los creyentes, en vías del desarrollo espiritual. El éxito de su matrimonio depende en mucho de la perseverancia y continuación de este crecimiento. En cambio, cuando uno o los dos fállanlo vuelven atrás en los espiritual, ello se convierte en un cenagal para el matrimonio.
El crecimiento espiritual involucra:

1.    Conocimiento de la Palabra de Dios
Deben leer y estudiar la Biblia en el hogar y asistir fielmente a los cultos de la iglesia, para aprender lo más rápido posible. Conocimiento de la Palabra les fortalecerá y salvará de muchos conflictos innecesarios. Colosenses 3:16; 2 Pedro 3:18.
2.    Oración
Orar juntos en el hogar, en voz alta, es una medicina preventiva para muchos males conyugales. El conocido autor y pastor Norman Vincent Peale dice que en más de cuarenta años de ministerio pastoral, no ha conocido ni un solo caso de divorcio entre parejas que oraban juntos, en voz alta, diariamente. Orar en voz alta tiene un efecto maravilloso sobre todo cuando el marido oye que la esposa está orando por él (o viceversa). La oración aumenta la intimidad. Todos hemos visto el extraordinario sentido de unidad espiritual creada por la oración unida entre hermanos en la iglesia. Cuanto más para esposos.

La oración crea una armonía maravillosa para la pareja y también una fuente de poder espiritual: “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo (en griego significa: hacer una sinfonía) acerca de cualquier cosa que pidieren les será hecho por mi Padre que está en los cielos”. (Mateo 18:19)
Aquí vemos dos beneficios dignos de notarse:

1)    El efecto “sinfónico” (armonía) creado cuando los dos oran en acuerdo acerca de algo.
2)    El poder que una pareja puede tener para “mover montañas” en su propia vida y parte ministrar a otras parejas. En vez de estar siempre en desacuerdo y conflictos debido a deficiencia espiritual, ellos pueden y deben ser un equipo para ministrar efectivamente a otros que tengan dificultades en su matrimonio.

3.    Comprensión del papel espiritual de cada uno


A.    El marido: En el plan de Dios, el marido es el sacerdote de la familia. Como tal, debe tomar la iniciativa para promover el progreso espiritual del hogar. Tristemente, en demasiados casos es la esposa la que tiene que “empujar” lo espiritual, alistando la familia para ir a la iglesia, leyendo la Biblia a los niños, orando con ellos, etc. ¡Cuántos maridos son reacios con respecto al liderazgo espiritual en el hogar! ¡Cuántas esposas desearían que su marido tomara las riendas y guiara su familia en las sendas de la vida cristiana! Efesios 5 nos enseña que el esposo ha de seguir el ejemplo de Cristo, quien amó a Su iglesia y se entregó por ella, para santificarla y purificarla en el lavamiento del agua por la Palabra. El marido ha de amar a su esposa de la misma manera, es decir, ha de sacrificarse por ella, y santificarla (apartarla y dedicarla a Dios como algo especial, singular, glorioso; en fin, como una joya preciosa. Después de ser un ejemplo delante de su familia, debe compartirles las verdades y experiencias bíblicas que él haya aprendido. En otras palabras, el esposo viaja (vive y experimenta en su propia vida) por el camino primero, luego lo enseña a su familia, guiándoles caminando a la cabeza de ellos (1 Corintios 11:3; Efesios 5:23). ¡Bendita la familia que tiene un verdadero líder, dirigiéndola hacia la victoria y crecimiento espiritual!

B.    La mujer: El papel de la mujer cristiana se expresa en Efesios 5:22,33, también en 1 Pedro 3:1-6. A ella le toca sujetarse (significa ajustarse, acomodarse, amoldarse) bajo la cobertura de la protección y cuidado espiritual de su marido. Ella no ha de asumir el papel de cabeza espiritual del hogar, aun cuando el marido no cumple con su deber como tal. En este caso, con sus oraciones, su  “conducta casta y respetuosa” (1 Pedro 3:2) y su “espíritu afable y apacible”, (ver 4) ella ha de ganar a su esposo. En tal caso  también, ella tendrá que cumplir con ciertas funciones, como enseñar la Biblia a los hijos, orar con ellos, llevarlos a la iglesia, etc., pero sin asumir la posición de cabeza del hogar. Es importante que el consejero explique la diferencia entre el cumplir ciertas funciones o deberes espirituales y el tomarse las riendas del liderazgo espiritual o dirección del hogar.

“Sujetarse” al marido significa “acomodarse a su liderazgo”, aceptar sin quejarse su dirección. Tal vez él no crezca tan rápido como ella quisiera, pero en estos casos a ella le toca orar por él y animarlo en vez de empujarlo y sermonearlo. “Respetar al marido” (Efesios 5:33) es mucho más efectivo que impulsarlo. Estimular resulta mejor que impeler.

La esposa ha de seguir el ejemplo de Sara (1 Pedro 3:6), siendo una “ayuda idónea” para su marido, un “brazo derecho”, ayudándolo a forjar de la familia un verdadero hogar cristiano. El no puede hacerlo solo. Los dos, en cooperación con el Espíritu Santo y bajo la dirección de Cristo (la cabeza del marido), podrán formar un hogar feliz y de acuerdo con el plan de Dios, pues son “coherederos de la gracia de Dios, pues son “coherederos de la gracia de la vida”. (1 Pedro 3:7)

 

 

4.    Formación de actitudes correctas
El crecimiento espiritual también incluye la eliminación de actitudes negativas y la formación de actitudes positivas.

 

 

A.    Actitudes negativas que debilitan el matrimonio


 

1.    El egoísmo: Es la raíz de muchos males y no le cabe lugar en el matrimonio cristiano. El consejero puede recordar a la pareja que el amor ágape se concentra en los demás, y que el ego no debe ser el centro de nuestra existencia.
2.    La testarudez: El ser obstinado, inflexible, teco, es señal de inmadurez emocional y espiritual. La persona que es renuente a cambiar trae a su matrimonio algo que rápidamente se convierte en una barrera entre los cónyuges. La capacidad para ajustarse a nuevas situaciones es una actitud de valor inestimable, pues el matrimonio es una experiencia dinámica, es decir, sujeto a cambios, presentando con frecuencia nuevas condiciones que requieren de nosotros la capacidad de cambiar y ajustar.
Cuando vemos en nosotros algo que irrita o molesta al cónyuge, debemos hacer un examen de nuestra vida para ver si en verdad necesitamos cambiar algo. En vez de reaccionar o ponernos a la defensiva, este examen servirá para ir ajustándonos el uno al otro. El matrimonio de dos personas indispuestas a cambiar, está condenado a fracasar. El Espíritu Santo y la Palabra de Dios también nos corrigen y la persona espiritualmente sensitiva hará caso para ir cambiando actitudes antes de que vengan a hacer mella para los cónyuges.
3.    Renuencia a perdonar: “El amor no guarda rencor” (1 Corintios 13:5). Efesios 4:32 nos enseña a perdonarnos “así como Dios nos ha perdonado en Cristo”. (Mateo 6:12-15) La capacidad para perdonar es una medicina que ayudará a mantener sana la relación marital.
4.    Complejo de omnisciencia: A veces una persona es tan inestable emocionalmente que necesita siempre “tener la razón”. Tiene que ganar todo argumento y salir victoriosa en todo conflicto o discusión. Su estado emocional o espiritual es tan débil que no se mantiene a flote si no sale el “vencedor”. Prefiere armar un lío antes que reconocer una falta. Esta actitud debilita el matrimonio. La capacidad de confesar que no tuvimos la razón y pedir perdón es un indicador de madurez espiritual.
5.    La ira: El enojo es un arma a la que recurre una persona que no puede tratar inteligentemente un problema, Efesios 4:31 dice: “Quítese de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia”. Según la persona crece espiritualmente, debe ir crucificando este malhechor.
6.    La crítica: Ser criticón, estar siempre detectando las fallas del cónyuge, solo llevará a pudrir el enlace marital. (Mateo 7:1-5; Romanos 14:4,10,13; Gálatas 6:1).

 

 

B.    Actitudes positivas que fortalecen el matrimonio


 

1.    Aprecio y gratitud: Muchos maridos se comen miles de comidas cocinadas por sus esposas, sin decir nunca: “¡Gracias amor, que comida más rica!” Decirle a la esposas, cuando se arregla: “qué bonita te ves”, es un comentario que siempre alentará su corazón.
La esposa también debe aprender a expresarle gratitud y elogios sinceros a su marido. Por ejemplo: cuando el le proporciona dinero para comprar alimentos para la familia, ella puede expresarle gratitud y aprecio por su trabajo y esfuerzos que lo proveyeron. ¡Qué guapo estas! es un elogio que a todo marido le fascina escuchar.
Estas expresiones deben ser siempre sinceras, y no “palanquitas sicológicas” utilizadas para “obtener algo”.
2.    Empatía: Es la capacidad de “ponerse en los zapatos del otro” y comprender su punto de vista. Por ejemplo: si la esposa se ve en ocasiones irritada o con falta de paciencia, el marido sabio se preguntará: ¿Cuál habrá sido la situación de ella hoy, o en estos días? ¿Está muy cansada? ¿Está en el tiempo de la menstruación? ¿Hemos tenido visitas en la casa, que la ha dejado, tal vez, agotada físicamente? ¿Hemos tenido acaso un niño enfermo que le ha impuesto trabajo extra y quitado el sueño? etc.
Recíprocamente, la esposa con frecuencia reacciona cuando ve al marido incomunicativo, retraído, iracundo o molesto. La reacción positiva que podría tener es pensar: tal vez tenga problemas o alguna tensión en el trabajo. Tal vez está preocupado por alguna situación en la iglesia. A lo mejor, está llevando alguna carga, la mucha responsabilidad, etc.
3.    Reconocimiento del papel y lugar del otro: Muchos problemas surgen en el matrimonio cuando hay demandas o expectaciones irreales de parte de uno de los cónyuges. Falta de comprensión sobre cuáles el papel o responsabilidad del otro lleva a confusión y conflictos. Sobrepasan líneas de autoridad, evitan áreas de responsabilidad, o esperan conducta o cumplimiento irreal de parte del otro. Por ejemplo hubo un caso en que la esposa, aburrida de solo estar en la casa, comenzó a trabajar en lo material, cosa que su marido no deseaba. Ella decía que ahora que ella trabajaba, a él le tocaba hacer la mitad del trabajo de la casa, inclusive cocinar, limpiar la casa, etc. El marido se quejaba de que su familia hiciera los cambios correspondientes. Ella se encontraba cansada e iracunda  como resultado, demasiado agotada en las noches para relaciones físicas. Ella echó la culpa al marido, diciendo que si él hiciera su parte del trabajo en la casa, ella no estaría tan cansada. El decía que ella hacia demandas irreales y que no cumplía ya con sus deberes conyugales, que si él no lavaba los trastos, no había afecto y amor de parte de ella, etc. ¡Hasta peleaban sobre quien le tocaba sacar la basura! El caso se convierte en un ejemplo clásico de la confusión que resulta cuando no hay comprensión del papel y responsabilidad de casa uno.
4.    Capacidad para ver las faltas propias: Lucas6:41-42. Cuando existe una situación dificultosa, cada cónyuge debe preguntarse: ¿Qué estoy haciendo para ayudar a resolverlo? Cuando nos ponemos a la defensiva, o atacamos al otro con críticas, normalmente el problema está en nosotros y no en el cónyuge.
5.    Humildad: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a el mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. (Filipenses 2:3-4)
La Biblia exhorta al creyente “que no tenga más alto concepto de su que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3)
La humildad no es una actitud en que uno ande rebajándose, sino que la idea es edificar y elevar a los demás. Cuando este principio bíblico se practica en el matrimonio, cuando cada cónyuge edifica y busca el bien del otro, esto contribuirá positivamente a la felicidad y bienestar.

 

 

II. COMO EL CRISTIANO SOLUCIONA EL PROBLEMA DEL PECADO EN SU VIDA

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. (Hebreos 12:1-2)

 

III. DESCUBRIENDO AREAS PROBLEMATICAS

Es provechoso observar la actitud de la novia hacia su padre: ¿le ama, le respeta, le tiene miedo, se siente incómoda en su presencia, le odia? Hasta ahora, su padre ha sido la figura masculina más importante en su vida. De la imagen captada de él, ella forma su concepto de lo que es un hombre, un marido, un padre. Si su relación con él y su concepto de él son negativos, posiblemente encontrará dificultad en ajustarse a ese nuevo hombre número uno en su vida: su marido. Una joven que tiene o tenía miedo de su padre a veces tendrá dificultad en disfrutar de la vida sexual en el matrimonio.
Es importante que los novios vean que permitir la entrega del pecado en la vida equivale permitir su entrada en el matrimonio y hogar. Tolerar la presencia del pecado en la vida es tolerar la presencia de un enemigo destructor en el hogar. El mismo pecado que destruye la vida del creyente también destruirá su hogar. Por eso, es imprescindible que conozcan en camino de victoria sobre “el pecado que asedia”. A continuación se dan algunos pasos para vencer el pecado y caminar en victoria:

1.    Reconocer que mientras todos tenemos faltas, problemas, conflictos, batallas, debilidades, etc., sin embargo, no  hemos de excusar el pecado en nuestra vida, llamándolo “debilidad” o simplemente “una falla humana”. El pecado es algo serio que le costó a Dios su Hijo, y al Hijo Su vida en la cruz. El pecado es un veneno inyectado en nuestras venas espirituales por la serpiente Satanás.

2.    Reconocer que su pecado no solo está creando un problema para su vida espiritual sino que también está afectando en forma negativa la condición de mi matrimonio. Afecta la oración: Salmo 66:18. Afecta nuestras actitudes, creando reacciones y comportamiento negativos. La mentira entra en cuadro, encubriendo el pecado. Entra en juego la hipocresía. Se enfría la vida devocional. Se pierde el deseo de ir a la iglesia. En fin,  se crea una serie de circunstancias que inevitablemente afectarán el hogar y la relación conyugal.

3.    Reconocer y confesar el pecado a Dios. Tenemos su promesa que “si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Cuando nos encontramos en la condición mencionada arriba, “si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su Palabra no está en nosotros”. (1 Juan 1:9-10). Tenemos la Palabra de Dios para que no pequemos. Pero, “si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. (1 Juan 2:1)

4.    Reconocer y confesar la falta al cónyuge. Santiago 5:16 dice: “Confesaos vuestras ofensas uno a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”. Este paso es importante, sobre todo cuando ha habido pecado de naturaleza moral o sexual. No puede haber paz en el corazón del que peco mientras no reconozca su falta. La honestidad aquí es imprescindible. (Salmo 51:6)

5.    Abandonar la práctica del pecado. El verdadero arrepentimiento es dar la espalda al pecado, abandonándolo. Es tener un cambio de mente y corazón respecto a su práctica, viéndolo como algo dañino y destructivo, que ofende a Dios y trae ruina espiritual a nuestra vida.

“El que encubre sus pecados no prosperara;  mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”. (Proverbios 28:13) Este paso es de mucha importancia si es que vamos a salir victoriosos sobre “el pecado que asedia”. Por cierto, tenemos que despojarnos de este terrible “peso” para asegurar nuestro hogar contra las asechanzas del enemigo.

6.    Andar en el Espíritu. Romanos 8:1-8; Gálatas 5:16-25. Únicamente poniendo nuestra vida bajo el control del Espíritu Santo podremos vivir en triunfo. Gálatas 2:20; 2 Corintios 2:14. Andar en el Espíritu es dejar que el Espíritu Santo produzca en nosotros el carácter de Cristo (el fruto del Espíritu, Gálatas 5:22-23).
Andar en el Espíritu es rendir nuestro cuerpo a Dios como sacrificio vivo (Romanos 12:1)
Andar en el Espíritu es vivir en obediencia a la Palabra de Dios (Juan 14:15,21.23).
Andar en el Espíritu es ser guiados por el Espíritu de Dios (Gálatas 5:18; Romanos 8:14). ¡El siempre nos guiará a victoria en Cristo y santidad de vida!
Y andar en el Espíritu es dejar de vivir la vida cristiana en los esfuerzos humanos, dejando el control y dirección de la vida en manos del Señor, obteniendo nuestras fuerzas directamente de él. (Isaías 40:28-31)

 

Este material doctrinal ha sido recopilado y preparado por el Pastor Luis M. Hidalgo .  Usted puede encontrarlo en formato PDF seguidamente solo debe dar click al enlace:Sesion 3 – La vida espiritual y como afecta el matrimonio También puede encontrar más material de estudio en manriquito.wordpress.com.

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2 comentarios de “LA VIDA ESPIRITUAL Y EL MATRIMONIO

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