Y Perdona nuestras deudas

“Y PERDONANOS NUESTRAS DEUDAS, COMO TAMBIEN

NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES”

MATEO 18:33

 

INTRODUCCION

Ahora llegamos a la demarcación número cuatro en nuestra pista de oración: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Como Cristianos, estás en el proceso de llegar a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo – al propio crecimiento completo en Dios (Efesios 4:13). Parte del proceso de crecimiento es aprender cómo perdonarnos los unos a los otros.

En el matrimonio, si los esposos aprenden a decir: “Lo siento, perdóname, por favor”, el matrimonios seguirá creciendo, sino el matrimonio se muere. Esto es cierto en cualquier relación. Aprender a perdonar es un elemento esencial del crecimiento.

Si algo se levanta en tu interior cuando piensas en algunas personas, necesitas saber que Dios usa a los que pecan contra nosotros para enseñarnos a perdonar. Nunca podremos hacer esto si antes no sabemos que nosotros mismos hemos sido perdonados. Si la sangre de Jesús nos ha perdonado, también debemos perdonar a los que pecan contra nosotros. Porque somos perdonados por el amor de Jesús, perdonamos a otros. El perdón es una clave importante para llegar a la libertad, la victoria y el gozo espiritual.

 

I PERDONANOS NUESTRAS DEUDAS

En Su oración modelo Jesús nos enseña a orar: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12). Inmediatamente después, en Mateo 6:14,15, Jesús añade algo más, Su enseñanza sobre la oración, reenfatizando y subrayando la tremenda importancia del perdón. Una actitud de inclemencia es una razón por la cual la oración no es contestada.

Si queremos nuestras oraciones contestadas y queremos ser perdonados por Dios, debemos perdonar a los que pecan contra nosotros.

A) Pide perdón a Dios.

Mientras nos acercamos a esta cuarta demarcación en la pista de oración, quizás ya hemos tratado con nuestros pecados. Frecuentemente, en nuestra pista de oración, mientras damos gracias a Dios por la sangre de Jesús, el Espíritu Santo apunta un pecado que necesita ser confesado, perdonado y abandonado.

Cuando oras: “Perdónanos nuestras deudas…” pide a Dios que mire dentro de tu corazón. Quizás quieras repetir la oración de Job 34:32. Si el pecado inconfeso sale a la superficie en ese momento, confiesa ese pecado a Dios reclamando la promesa que encuentras en 1 Juan 1:9.

Ten cuidado porque Satanás a veces regresa buscando recordarnos fracasos pasados. No permitas su condenación, mas resiste la táctica de Satanás a través de citar Romanos 8:1.

B) Perdona tan frecuentemente como quieras ser perdonado.

Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí?”, Pedro preguntó; Jesús contestó: No te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete” (Mateo 18:21,22). ¿Qué estaba diciendo Jesús? Decía a Pedro que perdonara cuantas veces fuera ofendido. ¿Por qué diría Jesús tal dicho?  Era porque en esa medida El está listo y dispuesto para perdonarnos.

Toma un momentos para buscar Mateo 18:23-35 y lee la parábola. Jesús relata a Pedro una parábola sobre el perdón. En la parábola, Jesús revela verdades que son tremendamente importantes para nosotros.

Primero, Jesús usa la parábola para enseñarnos que Dios ha perdonado nuestra gran deuda de pecado – una deuda tan enorme que habría sido imposible que la pagáramos. El siervo debía al rey diez mil talentos (verso 24), una cantidad de aproximadamente $10,000,000 (diez millones de dólares). El rey sabia que el siervo estaba luchando bajo una deuda tan enorme que nunca la pagaría.

Cuando Jesús revela que un consiervo debía al siervo perdonando una deuda de cien denarios (como veinte dólares), El nos está diciendo: “Tu deuda de pecado con Dios en mayor que cualquier deuda que alguien jamás tuviera contigo”.

Después, Jesús relata cómo el siervo perdonado hizo una decisión de no perdonar a su consiervo. En cambio, lo metió en prisión. Cuando rehusamos perdonar a otra persona, ponemos a ese individuo en esclavitud.

Jesús comparte lo que el rey preguntó al siervo perdonado cuando descubrió la falta de compasión del siervo por su consiervo. Esta es una de las preguntas centrales en el Nuevo Testamento, porque es la pregunta de dios a cada uno de nosotros, “¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” (Mateo 18:33). Tenemos que perdonar hasta el mismo nivel que somos perdonados por Dios. Una vez que comprendemos cuánto hemos sido perdonados por Dios. Podemos perdonar libremente a otros. Si tienes dificultad para perdona, pide a Dios que te dé una revelación del calvario y del pecado que el pagó por tu perdón. El profeta Isaías nos dio un vislumbre del precio incomparable cuando escribió Isaías 53:4-6.

El calvario nos da un vislumbre del gran corazón misericordioso de nuestro Padre. En Salmos 103:8-12 David nos dice que Dios es clemente, lento para la ira y grande en misericordia. No nos trata de acuerdo a nuestros pecados, sino que remueve nuestras transgresiones como está lejos el oriente del occidente. Este es el nivel de perdón que experimentamos de Dios nuestro Padre; por eso entonces, debemos perdonar hasta ese mismo nivel.

La última imagen que Jesús describe es la ira del rey hacia el siervo inclemente, que resultó en la entrega de éste a los verdugos. Si no perdonamos, Dios nos entregará a los verdugos hasta que decidamos perdonar a los que nos ofenden.

C) Mantén una actitud correcta hacia otros.

Hemos visto cuán importante es tener una actitud clemente, pero ¿cómo podemos tener una actitud correcta hacia todo el mundo todo el tiempo, cuando algunas personas están rodeándonos, esperando que fracasemos? El significado de la palabra hebrea traducida enemigo es “observador” – alguien que está críticamente observando. Siempre hay gente esperando señalar tus fracasos, vigilándote y esperando que fracasos. Entonces, ¿Cómo mantienes una actitud correcta?

Todos nosotros hemos sufrido abusos a través de esta vida. Han pecado contra nosotros, mentido acerca de nosotros, hecho uso y mal uso de cada uno de nosotros.

La clave de una actitud correcta es la preparación. No esperes hasta que estés en el calor del conflicto emocional para decidir cómo vas a reaccionar. Si ya has determinado perdonar de rodillas, no es tan difícil perdonar estando frente a la persona. Puedes ser entonces gentilmente amoroso. Preocúpate más de la otra persona que de ti mismo. El culpable necesita amor y perdón y tú necesitas perdonarle. No permitas que tu espíritu sea robado. La inclemencia te ata con cuerdas de amargura que te atormentan después roba tu victoria, tu gozo y tu paz. ¿No es maravilloso lo que el escritor de Proverbios advierte? (Proverbios 4:23).

Haz una decisión en tu voluntad cada mañana, puesto de rodillas, de que perdonarás. Vive en el espíritu de perdón. Este te guiará libre de los verdugos. Si escoges guardar una lista de ofensas y cargar rencor, vivirás con recuerdos que atormentan, hasta que sueltes y perdones a esa persona.

Si estás cansado de estar atormentado, suelta a tus culpables. Perdona a quienes han pecado contra ti. Haz la decisión de tratar a otros como dios te trata a ti.

Cuando perdonas llegas a ser candidato a lo sobrenatural. Escoge perdonar. Entiende esto: el perdón no es una emoción, es un hecho de la voluntad.

El espíritu de ira, de resentimiento y de inclemencia que ha gobernado tu vida está siendo desafiado en este momento por el Espíritu de Dios. ¿Orarías ahora para librar y perdonar a tus ofensores?

Recuerda, el perdón es un hecho de la voluntad, no es una emoción. Cuando decidas en tu voluntad perdonar y orar por los culpables, tus emociones se someterán al Espíritu de Dios en ti. No permitas que la autocompasión vuelva a meterse adentro de tu corazón. Jesús nunca nos pida nada sin darnos el poder y la gracia para hacerlo y el da el siguiente mandamiento a los creyentes: Leer Mateo 5:44.

Reclama la ayuda del Espíritu Santo y obedece Su mandamiento. Tu corazón será engrandecido con Su amor y perdón y experimentarás Su gracia que es más grande que la ofensa de cualquiera hacia ti.

 

II SUMARIO

Entonces, ¿Cómo puedes tener una actitud correcta hacia todo el mundo todo el tiempo? Es un asunto de tiempo. No esperes hasta que estés en un tipo de confrontación y luego trates de hacer a tu carne perdonar. Haz una decisión de tu voluntad al principio de cada día para perdonar a otros como Dios te ha perdonado.

Decide firmemente en tu mente que perdonarás. Pon esto en tu espíritu. Si quieres vivir de los verdugos, camina en ese camino. Ora diariamente: “Perdóname mis deudas, como yo también perdono a mis deudores”.

 

Este material devocional ha sido recopilado y preparado por el Pastor Luis M. Hidalgo .  Usted puede encontrarlo en formato PDF seguidamente solo debe dar click al enlace: Y perdonanos nuestras deudas También puede encontrar más material de estudio en manriquito.wordpress.com.

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